Las Emociones y el Dinero

El manejo adecuado del dinero requiere capacitación, experiencia y disciplina. Así como te esfuerzas para ganarlo también deberías esmerarte en adquirir las habilidades que te permitan administrarlo con eficiencia. Sin embargo, los seres humanos no somos 100% racionales, tenemos emociones que ejercen una gran influencia sobre nuestras decisiones.

¿De qué lado estás jugando?

Las emociones pueden ser tus mejores aliadas o tus peores enemigas. ¿De qué depende? Del rol que estés asumiendo en un proceso de negociación. Si eres a quien están tratando de convencer de algo, probablemente tratarán de venderte la idea a través del beneficio que vas a recibir a futuro, la tranquilidad y seguridad de tu familia, etc. Respira profundo, piénsalo con calma y toma una decisión basada en la lógica y no en la ilusión del momento.

Pero si eres tú quien está tratando de persuadir, entonces acude a ellas. Asegúrate de que el potencial inversionista de tu negocio sienta que está tomando la decisión correcta, que tu idea es segura, confiable y le permitirá disfrutar de las utilidades futuras. Obviamente sustenta todo esto con cifras y argumentos lógicos, pero no olvides apelar a las emociones (Si quieres profundizar en este tema te dejo esta serie sobre la Persuasión).

Las compras innecesarias

Examina con cautela lo que estás a punto de comprar: ¿realmente lo necesitas o lo haces para sentirte bien? Así es como funcionan los vicios como el alcohol, el cigarrillo o la ludopatía: brindan un placer instantáneo y pasajero, pero lo suficientemente intenso como para que el afectado omita las consecuencias negativas.

El inversionista entusiasta

Ésta es una de las diferencias más importantes entre los ganan y los que pierden en el mercado bursátil. Debido a emociones predominantes como el miedo, la euforia y la ambición, un inversionista promedio atenderá a estos impulsos en los momentos en que decide comprar o vender acciones (igual sucede con las bienes raíces o las divisas).

En este caso (que entre otras cosas es más común de lo que piensas), el inversionista es una persona cautelosa. Ha visto desde lejos como el precio de la acción crece y crece, pero piensa: “Y si luego cae?”. El miedo no le deja tomar la decisión a tiempo. Finalmente se decide cuando la noticia de que la acción se está valorizando corre de boca en boca (en el momento a), justo antes de llegar a su momento cumbre.

La acción comienza a caer. Algunos accionistas comienzan a vender el título cuando han recibido sus utilidades, pero unos cuantos, como nuestro amigo del ejemplo, no lo hacen. Se aferran inútilmente a la esperanza de que se trate de una caída leve: “En cualquier momento volverá a subir…”. Pero ese momento no llega, y desesperado, vende sus acciones en el momento b. ¿Por qué perdió dinero? Porque tomó sus decisiones basado en lo que sentía (miedo, esperanza, desespero), en lugar de utilizar un proceso lógico.

El inversionista calificado

¿Qué hubiera hecho un inversionista sofisticado? Cuando la acción poco suena y está subvalorada compra. Lo sabe porque interpreta adecuadamente los negocios que está haciendo la empresa, sus estados financieros y la proyección que tiene a futuro. Se sube al tren cuando la gran mayoría se está bajando.

Cuando los noticieros, accionistas y operadores están en plena euforia, sabe que ha llegado el momento cumbre. Es hora de vender. Es cuestión de días para que el título cambie de tendencia. Disfruta de sus utilidades y las reinvierte en otro negocio. ¿Se dejó llevar por la emoción? No, en lo absoluto. Es incapaz de predecir tendencias a la perfección, pero su experiencia le ha permitido desarrollar su intuición para saber que la burbuja especulativa* no tardaría en estallar.